Seguirán siendo incultos
"En vez de mirar pal cielo
me puse a medir el suelo
que me tocaba de andar"
Marea
Observo como la gente me mira. Intento no molestar a nadie pero la gente se aparta de mí cuando paso a su lado. Hace tiempo ya que me acostumbré a no mirar a nadie a los ojos para no ver su expresión de desprecio. Mis padres no llegaron a enseñarme nunca cómo tratar a los que no son de los nuestros. Ahora, mi labor consiste en enseñarles a mis cinco hermanos menores. Todos los días debo darles de comer de mi ligero sueldo y ahogar mi sufrimiento ante ellos, para así poder educarlos en el poco orgullo que nos queda. Sólo nos queda el no rendirnos. Pero en el fondo tengo miedo, miedo a que algún día mis fuerzas se agoten. A esta hora del día solía ir a la iglesia para rezar en una esquina aislada en la que no molestara. Esperaba que ese alguien, en el que tanta gente deposita su confianza, me ayudara a reprimir mi miedo. Pero cada vez que me arrodillaba ante esa figura de madera, con cara de sufrimiento y las manos y pies ensangrentados, no veía nada más que un pobre mendigo medio muerto que gozaba de la enorme atención que le prestaban miles de personas al día. Conseguí darme cuenta de que esa figura, no podría ayudarme ni aunque quisiera... Ahora, dedico mi tiempo a pensar, pensar en lo que puedo hacer para continuar sin la ayuda de una figura que me diga los pasos que he de dar. Y lo tengo muy claro. Ya no lloro, solo sufro, pero confío en mi mismo y confío en que mis hermanos seguirán mis pasos. No los de un muñeco de madera. Ahora me dirigo hacia la casa antigua en la que vivimos. Con unas barras de pan y un delgado paquete de mantequilla en las manos me adentro en la unica sala habitable y reparto la comida entre todos. De nuevo tengo que irme a trabajar pero no sin antes dejar claras algunas tareas a los mayores para que aprendan a leer. Estaremos marginados de la sociedad. Seremos personas menos valoradas. Pero al menos, tenemos consciencia y cultura. Otros, seguirán siendo incultos, para siempre...
