Conversaciones de madrugada con una planta de marihuana
Llevaba tiempo sin venir por aqui... pero anoche me paso algo muy curioso, digno de ser anotado.
Concilié el sueño a eso de las dos de la mañana. Pero a las cuatro, volví a despertar, inquieta, nerviosa, y ansiando escribir una experiencia que no recuerdo haber tenido realmente...
"Ayúdame" me dijo.
"Me siento presa. Presa de la conciencia. Porque si ella no estuviera, sería libre de hacer lo que sea."
Yo sólo la observaba. La suave música de aquellos años del barroco hacía brillar sus hojas como si fuesen de cristal. Un cristal que jamás se rompe y que sólo atiende a razones si otro se lo propone.
La música seguía sonando en mis oídos como si alguien la trajera de lejos. De muy lejos.
"No temas" contesté.
"Aquí no hay nada que temer, nisiquiera la conciencia"
"Yo no la temo. Sólo la odio"
Su seguridad me hizo dudar. Dudar de mi misma. Como una niña que, tímidamente pide un caramelo. Esa duda que aparece como espectro y te arranca la cordura, para luego devolvertela, servida en bandeja y lista para ser devorada.
"En ese caso mi ayuda no te servirá" le susurré esquivamente.
"Tu vida está delimitada, por lo que deberás pagar el peaje para poder continuar"
De nuevo su mirada pensativa se fundía con las notas del lejano horizonte.
Al cabo de un rato continuó explicándome.
"Mi cordura se encuentra enjaulada, tras rejas de inocencia y vigilada por lo desconocido. ¿Qué significa? ¿Debo creer en la ignorancia, dándole forma y actuar según sus reglas para permanecer sumida en la inocencia? ¿Es ese el precio a pagar para que mi cordura escape cuando y como quiera?"
El dorado que esparce el sol cada mañana ya teñía las puntas de sus hojas cuando me dispuse a rectificarla.
"Querida, si ese es el precio que estás dispuesta a pagar, ten en cuenta que de ese modo, tu cordura nunca quedará libre. La barrera que constituye la inocencia de tu cuerpo sin alma, nunca se romperá así. ¿Porqué decías odiar tu conciencia?"
"Porque ella me impide creer"
"Y muy bien que hace, alíate con ella"
"No comprendo" dijo.
Su voz ahora era diferente. Ahora la duda había encontrado en ella una nueva presa. La música que nos envolvía también había cambiado. Ahora sonaba al unisono con la euforia del sol.
"la receta de la vida es más simple de lo que crees" le aclaré.
"La que vigila a tu desdichada cordura no es otra, sino la conciencia. Sólo debes persuadirla para poder echar abajo tu misma las rejas de inocencia"
"¿Y cómo persuadirla, si bien conoce mi odio?"
"Tu odio en ella no influye. Ella sólo cumple con su deber, el resto le da igual. Sólo debes preocuparte de que en tu camino hacia la muerte no cometas fallo alguno que pueda molestarla. Y en tal caso debes corregirlo antes de que cierre sus puertas a la posibilidad"
"Ya comprendo" dijo.
"El peaje consiste en en tener cuidado. De ese modo la inocencia careá sola, y mi cordura será libre de marcharse si lo desea"
"Y bien que lo has entendido"
Fueron mis palabras de despedida, mientras las notas musicales del barroco construían una escalera hacia una nube. Mientras subía por ellas para descansar, pensaba en que había resuelto una vida más.
